Nosotros arriesgamos. Vosotros criticáis desde el sofá.
Así empezaba uno de mis últimos posts en LinkedIn.
No era un grito de guerra, ni una provocación gratuita. Es la reacción natural de quien, después de años de esfuerzo, mucho trabajo y grandes riesgos asumidos, ve cómo algunos sectores políticos apuntan —cada vez con más fuerza— hacia los que intentamos arreglar lo que otros abandonaron.
13 viviendas más que sacamos al mercado

Estamos a punto de entregar 13 nuevas viviendas en Almazora, Castellón.
Un proyecto que empezó gracias a la financiación colectiva de familias ahorradoras españolas. Un edificio abandonado, vandalizado e inseguro. Un punto negro en el barrio. Un símbolo del abandono institucional. Una herida abierta que nadie quería mirar.
Durante años, los vecinos han convivido con la decadencia. Puertas tapiadas. Ratas. Cristales rotos. Vandalismo.
Eso es lo que había. Hasta que alguien decidió hacer algo.
Hoy, ese edificio tiene otra cara.
Donde antes había silencio y abandono, en pocas semanas se escucharán voces, pasos, risas. Donde antes había sombras, ahora hay luz.
Familias que podrán dormir tranquilas en viviendas dignas.
Familias que podrán empezar un proyecto de vida donde antes había sólo escombros.
Y sí: no lo hicimos gratis.
La palabra maldita: Beneficio
En este país, decir que haces algo con la intención de obtener un beneficio parece un delito pero ¿qué alternativa hay? ¿De verdad queremos que todo dependa exclusivamente de lo público, sabiendo que no da abasto? ¿Sabiendo que la burocracia lo paraliza casi todo?
Si no fuera por ese beneficio, hoy ese edificio seguiría siendo una ruina. Si no existiera un incentivo económico, ¿quién estaría dispuesto a invertir tiempo, dinero y energía en rescatarlo y ofrecerlo al mercado?
Porque transformar un edificio abandonado en un hogar no es tarea fácil. Necesitas capital. Gestionar mil trámites burocráticos. Solucionar múltiples problemas de obra. Necesitas tratar con bancos, con arquitectos, ayuntamientos…
Firmar garantías personales en muchas ocasiones.
Contratar a decenas de profesionales: albañiles, electricistas, aparejadores, ingenieros, abogados.
Y todo eso sin garantías de que llegado el momento puedas vender esas viviendas y todo salga bien.
¿Qué es lo que realmente molesta?
Nos llaman «especuladores malvados» por hacer esto.
Porque compramos activos en mal estado.
Porque los reformamos, les damos valor, y buscamos rentabilidad.
Porque no lo hacemos gratis.
Parece que lo que molesta no es el impacto social que tiene.
Lo que molesta es que alguien gane dinero haciéndolo.
Como si el beneficio invalidara el valor generado.
Pero si nadie gana dinero comprando y rehabilitando viviendas…
¿Quién va a querer hacerlo?
¿Quién se va a meter en una obra de 6-24 meses con 50 variables incontrolables si al final no hay una retribución justa por el esfuerzo y el riesgo?
400 hogares. 400 familias agradecidas.
En Invernomics ya hemos reformado y puesto en alquiler más de 400 viviendas.
400 familias que hoy tienen acceso a un hogar digno.
El 80% de ellas son viviendas de primer precio en sus respectivos mercados.
¿Y sabéis qué? Cada una de esas reformas generó empleo.
Cada una pagó impuestos.
Cada una reactivó la economía local.
Cada una transformó una zona gris en una zona viva. Y cada una ayudó a una familia a empezar un nuevo proyecto de vida.
¿Es eso especular?
Entonces sí: somos especuladores orgullosos.

No somos el problema. Somos parte de la solución.
El verdadero problema del mercado no es que existan inversores.
El problema es que durante décadas se ha permitido que miles de viviendas se degraden sin que nadie hiciera nada y se ha obstaculizado la creación de vivienda nueva.
El problema es una administración lenta.
Unos incentivos mal alineados.
Una maraña burocrática que retrasa y encarece cada proyecto.
Y una falta absoluta de políticas serias para movilizar el parque de viviendas vacío.
Nosotros actuamos.
Con dinero propio y el de nuestros inversores, con responsabilidad, y con visión de largo plazo.
Asumimos el riesgo para desbloquear valor donde otros solo ven ruina.
Y lo seguiremos haciendo, aunque nos llamen especuladores.
Porque preferimos ser parte del cambio antes que parte del conjunto de quejicas que creen tener derecho a todo y ninguna obligación.
Basta de mentir a la sociedad
El discurso simplista de «los inversores son el problema» no solo es falso.
Es peligroso.
Porque divide y enfrenta.
Porque frena la inversión.
Porque criminaliza a quien emprende, invierte y transforma.
Y, lo peor de todo, porque mantiene el problema intacto mientras se busca un enemigo imaginario.
No vamos a callarnos más.
Es hora de contar la otra parte de la historia.
La de quienes arriesgan, invierten, reforman y construyen un mercado más sano.
Sí, con beneficios pero también con impacto social.
Con empleo. Con regeneración urbana. Con dignidad.
Algunos prefieren un edificio vandalizado durante 15 años, sin uso, sin valor, sin vida si la alternativa es que un promotor gane dinero en la transacción.
Invierte con sentido.

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Os dejo algunos videos compartidos en mi canal de Youtube y que os pueden ser de interés:
Invertir para alquilar debería estar prohibido.
Sergio Iranzo

Muy bien escrito!