
He pasado la última década de mi vida sumergido en el mundo de las finanzas y las inversiones. He leído muchísimos libros, y una de las habilidades que más ha cambiado mi vida ha sido aprender a gestionar mis propias finanzas, reconocer mis malos hábitos financieros y liberarme de ellos. Hoy quiero compartir contigo los 7 malos hábitos financieros más comunes que frenan tu progreso y, lo más importante, algunos consejos sobre cómo acabar con ellos.
Hábito 1: Pagarse a uno mismo el último
Leí esto por primera vez en el libro Padre Rico, Padre Pobre, de Robert Kiyosaki, y es uno de los pilares fundamentales para alcanzar la libertad financiera. Este principio ha transformado la vida de millones de personas al enseñarles cómo gestionar sus ingresos de manera más inteligente. Kiyosaki explica que existen dos enfoques principales sobre cómo las personas gestionan sus ingresos:
- El primer enfoque es el hábito de la gente pobre. Este consiste en pagarse a sí mismo al final. ¿Cómo funciona? Cuando alguien recibe su nómina, lo primero que hace es cubrir gastos como el alquiler, la factura del teléfono, suscripciones o actividades. Solo después de todo esto, si queda algo de dinero, lo destina al ahorro. El problema es que, en muchos casos, queda poco o nada.
- El segundo enfoque, es el hábito de las personas ricas, y es exactamente lo opuesto. Consiste en pagarse a uno mismo primero. La idea es apartar un porcentaje fijo de los ingresos, al menos el 20 % en una cuenta de ahorro en cuanto recibas tu sueldo. Piensa en este ahorro como si fuera una factura más, igual de prioritaria que el alquiler o el pago de suministros.
Imagina que ganas 2.000 euros. Según este último hábito, lo primero que harías sería apartar inmediatamente 400 euros en una cuenta de ahorro, incluso antes de pensar en cualquier otro gasto. Este dinero es intocable y está destinado exclusivamente a construir tu estabilidad financiera. Si luego te das cuenta de que no alcanza para todas tus demás obligaciones, la solución no es dejar de ahorrar, sino ajustar tus gastos o buscar formas de aumentar tus ingresos.
Este método no solo asegura que ahorres de manera consistente, sino que cambia tu mentalidad. Te obliga a priorizar tu bienestar financiero a largo plazo en lugar de vivir al día. Al final, como dice Kiyosaki, “pagarte a ti mismo primero” es un acto de disciplina y compromiso con tu futuro.

Hábito 2. Sentirse cómodo con las deudas al consumo.
Hoy en día, parece que vivir endeudado se ha convertido en algo normal. Muchas personas utilizan tarjetas de crédito para pagar incluso los gastos más pequeños: regalos, ropa e incluso cenas fuera de casa. Aunque este hábito puede parecer inofensivo al principio, las consecuencias a largo plazo pueden ser devastadoras para tus finanzas.
Yo tengo una regla simple que me ha ayudado a mantener mis finanzas bajo control: si no puedo permitirme pagar algo en efectivo, no lo compro con deuda. Este principio me protege de caer en la trampa del crédito fácil. Es importante recordar que las empresas como VISA o Mastercard no buscan tu bienestar financiero. Su modelo de negocio se basa en los errores que cometes al usar sus servicios.
Por ejemplo, ¿sabías que la tasa de interés promedio de las tarjetas de crédito ronda el 20%?. Esto significa que, si compras algo por 100 euros y no lo pagas a tiempo, podrías terminar pagando mucho más por ese mismo artículo, anulando cualquier beneficio o recompensa que la tarjeta prometa.
Imagina que compras un par de zapatos por 150 euros con tu tarjeta de crédito, pero solo pagas el mínimo mensual. Al final del año, debido a los intereses, podrías terminar pagando casi 200 euros por esos mismos zapatos. Ahora piensa ¿cuánto podrías haber ahorrado si hubieras esperado a tener el dinero en efectivo para comprarlos?
La clave está en evitar caer en esta «zona de confort» de las deudas pequeñas y adoptar hábitos más responsables que te ayuden a mantener tus finanzas en orden. Al final, cada euro que no gastas en intereses es un euro que puedes usar para construir tu futuro. Esos intereses acumulados podrían haberse convertido en capital para una inversión inmobiliaria.
Recuerda, la deuda solo tiene sentido para comprar activos que generen rentas, no bienes de consumo.

Hábito 3. Vivir como si nada malo pudiera ocurrir
Muchas personas viven como si nunca se pudiesen enfrentar a una emergencia financiera. Este enfoque puede parecer optimista, pero es peligroso desde una perspectiva financiera. Nadie está exento de imprevistos: perder el empleo, una reparación inesperada del coche o gastos médicos inesperados. Es en estos momentos cuando entra en juego la importancia de un fondo de emergencia.
La recomendación básica es ahorrar lo suficiente para cubrir al menos seis meses de gastos esenciales. Esto incluye alquiler o hipoteca, comida, servicios básicos y transporte.
La mejor forma de lograrlo es aplicando el principio de «págate a ti mismo primero». Empieza apartando al menos un 10% de tus ingresos cada mes y destinados directamente a tu fondo de emergencia.
Por ejemplo, si tus gastos mensuales ascienden a 1.200 euros, necesitarías un fondo de emergencia de 7.200 euros para estar cubierto durante seis meses. Si logras ahorrar 200 euros al mes, alcanzarías esta meta en poco más de tres años. Puede parecer mucho tiempo, pero cada euro que apartas es una red de seguridad que estás construyendo para tu tranquilidad.
Una vez hayas alcanzado este objetivo, puedes redirigir esos ahorros hacia metas más ambiciosas, como un fondo de inversión, invertir en inmuebles para generar ingresos pasivos, o algún proyecto personal de emprendimiento. Pero el fondo de emergencia debe ser siempre la base de tu estrategia financiera, los pilares sobre los que descansa tu cartera de inversión. Su finalidad es sacarte de un apuro sin tener que recurrir a deudas peligrosas en momentos críticos.
Como dice el refrán: «Es mejor tenerlo y no necesitarlo que necesitarlo y no tenerlo.» Construir un fondo de emergencia no solo te prepara para lo inesperado, sino que también te da la tranquilidad necesaria para tomar decisiones financieras más arriesgadas con mayor claridad y confianza.

Hábito 4. No conocer adecuadamente tus ingresos y gastos.
Hasta que no sepas exactamente cuál es tu radiografía financiera, será casi imposible trazar un plan para alcanzar tus metas económicas. Este desconocimiento es más común de lo que parece y a menudo se agrava debido a un fenómeno conocido como la inflación del estilo de vida: a medida que tus ingresos aumentan, tus gastos también lo hacen.
Por ejemplo, imagina que consigues un ascenso en el trabajo y tu sueldo sube de 2.000 a 3.000 euros al mes. En lugar de ahorrar o invertir la diferencia, decides mudarte a un piso más grande, comprar un coche nuevo o salir más a cenar. Sin darte cuenta, has ajustado tu estilo de vida a tus nuevos ingresos, dejando poco o nada para construir riqueza. Este ciclo puede repetirse indefinidamente, haciendo que ganar más dinero no se traduzca en estabilidad financiera ni libertad económica.
La clave para romper este patrón es tener un plan financiero bien definido. Esto implica conocer tus ingresos y gastos, identificar tus activos (lo que posees), tus pasivos (lo que debes) y definir metas financieras concretas. Las personas que son conscientes de su situación financiera actual tienen más probabilidades de construir riqueza en comparación con quienes solo sueñan con «ganar más dinero» sin un plan concreto.
Un ejercicio práctico para empezar es crear un presupuesto simple: Enumera todos tus ingresos y todos tus gastos (desde el alquiler hasta el café del bar); Identifica áreas de mejora (al ver los números claros, puedes identificar áreas donde estás gastando de más y redirigir esos recursos hacia tus metas: ahorrar, invertir o pagar deudas).
Imagina que al analizar tus finanzas descubres que gastas 200 euros mensuales en suscripciones y servicios que apenas utilizas. Acabar con estos gastos podría aflorar 2.400 euros al año, una cantidad significativa que podrías usar para construir tu fondo de emergencia o invertir en tu futuro.
Como dice el refrán: «Lo que se mide, se mejora.» Ser consciente de tus finanzas no solo te ayudará a tomar decisiones más inteligentes, sino que también te dará un sentido de control y propósito en tu camino hacia la libertad financiera.

Hábito 5. Pensar desde la escasez.
Muchas personas disfrutan de actividades que implican gastar grandes sumas de dinero regularmente, ya sea comprando ropa de marca, gadgets innecesarios o practicando hobbies de alto coste. Si bien es importante disfrutar de la vida, estos hábitos pueden sabotear tus metas financieras si no los manejas con cuidado.
Para mejorar tu situación económica, tienes dos opciones: ahorrar más de tus ingresos actuales o generar más ingresos a través de nuevas fuentes. Lo ideal es combinar ambas estrategias. No puedes acumular riqueza si gastas cada euro que ganas, pero tampoco puedes depender únicamente del ahorro, ya que hay un límite en cuánto puedes recortar.
Por ejemplo, si tu capricho es salir a cenar en restaurantes caros cada fin de semana y gastas 200 euros al mes en ello, podrías reducir esa frecuencia a una vez al mes, ahorrando 150 euros. Luego, podrías usar esos ahorros para invertir o para iniciar un proyecto que te genere ingresos adicionales.
Para construir riqueza, es fundamental pensar en ambos lados de la ecuación:
- Ahorrar inteligentemente: Utiliza herramientas como presupuestos para controlar tus gastos, aprovecha descuentos, pero ten en cuenta que el ahorro tiene un límite.
- Ganar más dinero: Aquí el potencial es ilimitado. Puedes pedir un aumento salarial, invertir en el mercado de valores o emprender un proyecto paralelo.

Hábito 6. Esperar demasiado para empezar a invertir.
Una vez que has ahorrado lo suficiente para tener tu fondo de emergencia, ese colchón que te da tranquilidad ante imprevistos, es momento de dar el siguiente paso: poner ese dinero a trabajar para ti. La inversión es una herramienta poderosa para hacer crecer tu patrimonio a largo plazo, pero aplazar este paso puede salirte caro.
Uno de los errores más comunes es dejar más dinero del necesario en una cuenta bancaria. Aunque puede parecer seguro, la inflación reduce el valor de tu dinero con el tiempo. Por ejemplo, si tienes 10.000 euros en una cuenta de ahorros con una tasa de interés del 1% anual, pero la inflación es del 3%, estás perdiendo poder adquisitivo cada año. Después de 10 años, ese dinero valdrá significativamente menos en términos reales.
Esta lección la aprendí con mi familia. Mis abuelos por ejemplo perdieron una fortuna por culpa de la inflación. Podrían haber comprado más de 10 inmuebles con el dinero que tenían en la cuenta bancaria, sin embargo mi madre solo acabó recibiendo el equivalente a una propiedad.
Recuerda, la inflación es el mayor enemigo de tu riqueza.
Hay múltiples formas de invertir, algunas de las opciones son:
- Inversiones seguras, como bonos, fondos indexados o inmuebles que ofrecen estabilidad.
- Inversiones más arriesgadas, como acciones individuales o criptomonedas, que tienen un mayor potencial de retorno, pero también más volatilidad.
Yo, por ejemplo, invierto el 90% de mi dinero en inmuebles. Sin embargo, si estás comenzando, una idea sería destinar el 70% de tus inversiones a opciones más seguras y el 30% a activos de mayor riesgo, dependiendo de tu tolerancia al riesgo y tus objetivos.
Es normal sentir dudas al principio: «No tengo suficiente dinero», «No sé por dónde empezar» o «No tengo tiempo». Pero lo importante es comenzar, aunque sea con pequeñas cantidades. Hoy en día, existen aplicaciones y plataformas que te permiten invertir con tan solo 50 euros al mes.
El coste de esperar para invertir puede ser significativo. Imagina que empiezas a invertir 200 euros al mes a los 25 años con un rendimiento promedio anual del 8%. Para cuando tengas 65 años, habrás acumulado más de 500.000 euros. Sin embargo, si esperas hasta los 35 para comenzar, tendrás menos de 250.000 euros, incluso si inviertes la misma cantidad cada mes.
Si no te sientes preparado, empieza por buscar estrategias de inversión sencillas. Por suerte existen muchos cursos gratuito online. Recuerda, nunca habrá un «momento perfecto». Siempre habrá excusas, pero cuanto más tardes en comenzar, más difícil será alcanzar tus objetivos financieros.
En resumen, invertir no es un lujo, es una necesidad si quieres que tu dinero trabaje para ti y te ayude a construir riqueza. Comienza poco a poco, infórmate y, sobre todo, actúa. Como dice el proverbio: «El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es hoy.»

Hábito 7. Creer que el dinero es algo malo
Un mal hábito financiero muy común es creer que el dinero es algo negativo. A menudo heredada de creencias culturales o familiares o de malas experiencias pasadas, esta creencia puede limitar tus oportunidades de crecimiento personal y financiero. Frases como «el dinero corrompe» o «todos los ricos son egoístas» refuerzan esta percepción negativa, pero en realidad, el dinero no es ni bueno ni malo; es una herramienta que amplifica lo que ya eres.
Por ejemplo, una persona generosa con recursos limitados seguirá siendo generosa si tiene más dinero, pero podrá ayudar a más personas. Del mismo modo, alguien irresponsable con poco dinero probablemente sea igual de irresponsable con una gran fortuna. El problema no es el dinero, sino cómo se gestiona y el propósito que le das.
Cambiar esta mentalidad es crucial para mejorar tu relación con el dinero. En lugar de verlo como el enemigo, piensa en él como un aliado que te permite:
Lograr tus objetivos personales, como viajar, educarte o mejorar tu calidad de vida.
Contribuir al bienestar de otros, ya sea apoyando causas que te importen, ayudando a tu familia o invirtiendo en tu comunidad.
Crear libertad financiera, lo que te da más tiempo para dedicarte a lo que realmente importa.
Imagina a alguien que creció con la idea de que «el dinero solo trae problemas». Esta creencia podría llevarlo a evitar aprender sobre finanzas, temer a la inversión o incluso sabotear oportunidades para ganar más dinero. Pero si esa misma persona decide cambiar su perspectiva y ve el dinero como una herramienta para construir un futuro estable, puede comenzar a tomar decisiones más conscientes, como ahorrar, invertir y educarse financieramente.
Recuerda, el dinero en sí no tiene moral; lo que importa es cómo lo usas. Si lo empleas de manera positiva, puedes multiplicar el impacto tanto en tu vida como en la de los demás.
Un cambio de mentalidad es el primer paso hacia la libertad financiera. En lugar de pensar que el dinero es malo, pregúntate: ¿Cómo podría ayudar a todo lo que me importa si tuviera más dinero?

Evitar caer en estas 7 trampas financieras es el primer paso para lograr ser libre algún día. Ahora te toca revisar punto por punto y comprobar de forma honesta si estás atrapado en alguna de ellas.
¿Cuántos de estos malos hábitos tienes tú?
Os dejo un video en el que abordo este tema:
Explico los 7 hábitos que te mantienen pobre
Sergio Iranzo
